La acrobacia de sobrevivr a uno mismo.
No todos los hombres vienen del mar.
Algunos nacimos en el vértigo
y nuestro primer aliento fue una ráfaga de nubes.
Nos asusta la palidez de las estatuas,
las luces en rojo,
los trenes subterráneos.
Nos gusta dormir al descubierto,
caminar al borde,
leer cuentos de mágicas alfombras.
No buscamos una aureola.
Tampoco evitamos el infierno,
sólo la acrobacia de sobrevivir a uno mismo.