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La Coctelera

DE ALGO SIRVE ::

(Escritos de un urbanodonte sumiso)

3 Abril 2006

Cuento de cama

- SIN TÍTULO -

Supo que había estado llorando por la noche, en esa que no estuvo con ella. Tenía esos los ojos hinchados y por debajo de ellos se veían las manchas violáceas que da el haber dormido nada. Le abrazó e intentó decirle que todo estaba bien y que no había de que preocuparse, que una plática no cambia los destinos y qué una llamada que no se hace no se acumularía en ningún lado, que desapareció… pero no de su destino.

Entonces se recostó en la cama, acarició su rostro, intentó besarle y ella volvió a sollozar. Lloraba quedito pero las arcadas de su cuerpo la delataban. Él trató de calmarle pero le dio la espalda. -Unos besos no arreglan nada- le dijo, pensó que era verdad pero también sentió que sus ganas de probar esos labios no eran para arreglar nada, sólo era para comprobar que no estaba soñando; entonces ella empezó a llorar más fuerte y a recriminarle sus actitudes y faltas.

Se puso a un lado de la cama y ya no la tocó, le hablaba en susurros tratando de explicar lo inexplicable. Así pues, ella le daba la espalda y las palabras rebotaban en sus hombros convirtiéndose en un eco que volvía hasta él.

Él la adoró y la necesitó en silencio, debió ser que no pensó antes en lo que le dijo. Ella estaba enojada y dolida, él le comprendía y se tiró en el abandono de la lucha perdida; fue cuando ella giró sobre sus costillas y le miró fijamente. La escasa luz de día se ponía sobre los espejos y después en en esos sus labios brillantes, la besó y no hubo rechazo. Ella abrió su boca y le recibió por completo; él se separó, le dijo que la amaba mucho y que pondría de sí todo lo necesario para que las cosas mejoraran. Acarició su espalda y descubrió algunos lunares que él no sabía que tenía. Ella se conservaba bella como siempre y dispuesta para él como siempre.

Recorrió la piel descubriendo sus huesos por debajo, metió una mano por entre su cuerpo y el colchón y sentió un objeto pequeño y duro; se le escurría por entre los dedos e inclinó el cuerpo de ella para buscarlo. E´l, a su simple tacto lo sentía como un grano de sal de esos grandes. Siguió tanteando sobre la sábana y lo encontró entre las arrugas. Era una piedra azul cristalino con apariencia de brillante, tenía muchos lados y la luz se salía de ese objeto con gran facilidad. Se preguntaba él 'qué hacía esa piedra ahí' y al notar su estupor ella preguntó que qué era. Él lo puso en la palma de su mano y le dijo <>.

Fin.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

pastfuture

pastfuture dijo

una muestra de buen escrito buena imaginación buena intención buen momento buenísimo todo! sobretodo buena inspiración , ale ale . excelente.

6 Abril 2006 | 11:44 AM

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