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La Coctelera

DE ALGO SIRVE ::

(Escritos de un urbanodonte sumiso)

11 Febrero 2006

La auto-violencia

Pues hoy estaba sentado en la cafetería terminando de comer pues no comí en casa. Me encontré a un compañero y luego 3 compañeras más nos encontraron ahí mismo. Estuvimos platicando un rato sobre los deportes de invierno pues ya se inauguró la Olimpiada en Torino y me gustó mucho la presentación. Durante un avance informativo pues vimos algo ya un poco pasado de moda; el asunto de las mataviejitas. Me he dado cuenta que ahora ya no es la violencia en la sociedad, la de uno contra otro u otros, sino la auto-violencia; nos permitimos ver tantos temas tan escabrosos, o peor aún cuando nos violentamos, abusamos de nosotros, por tener obtener algo: calificación, amistad, trabajo o demás argumentos y materiales. Lo malo es cuando en, sí mismos, nos decidimos en la violencia y nos clavamos.

Ahora, partiendo de dos cosas; una de siempre y otra muy presente en este mes (el amor), digo que dejemos un rato eso de la violencia y la auto-violencia, al menos yo estoy un poco más acostumbrado a amarme y ser divertido conmigo mismo para luego compartirme.

Regresando a la platicada con los fulanos de la Univ., una decía <>. Ya ni se puede comer en paz fuera de casa, pero le pregunté: ¿Y para qué haces la dieta?, ¿para gustarle a quién? Viendo yo su caso, esa dieta es una forma de violentarse a sí misma. Cuando la dieta la hacemos para sentirnos bien con nosotros, por salud, por convicción y sobre todo balanceada y bien nutrida, ubicándonos con buenos hábitos para comer, es un buen paso. Pero si la vamos a hacer para que nos acepten o para que el galán les haga caso, ¡por favor! ¿Para qué hacer un cambio al cuerpo para darle gusto a otra mirada? Bueno, esa es parte de mi ética.

¿Qué tal al momento de elegir ir al cine? Muchas veces he visto que unos se dejan llevar por lo que opinan por ahí y se predisponen a rechazar lo que no conocen... o de los que guardan palabras por cobardía para defender nuestro punto de vista... o la facilidad con la que cambian de opinión según el lugar y con quien se encuentren.

En algo más personal - o al menos para mi -, cuando se nos cae algo; se nos rompe una artesania, una tasa, pisamos chueco, tropesamos... ¿no nos ofendemos? Si no lo hacen pues que levanten la mano, será más fácil contarles que si contarnos a los que sí nos ofendemos. ¿Cuántas ofensas nos decimos a diario y por tonterías? ¡Vaya!, he crecido escuchándome decir cosas como: "Qué tonto, qué baboso eres", "¡Ay!, pero qué bruto", "¡¿Por qué me sale male?!"... cuando creces, primero no tienes ni gota de autoestima y, por supuesto, creemos que cualquiera puede decirnos de cosas. Bueno, sinceramente yo no me dejo.

¿Cuántas veces unos han cambiado de gusto o dejado a algunos por agradarle a los demás? Eso me escama. Una cosa es tener respeto a los demás y comportarse a la altura y otra muy distina es ser un cabrón.

Por otro lado, ya casi al terminar de comer, otra compañera pregunta y pedía el favor de que le consiguieramos un novio con quien pasar el lujoso 14 de Febrero. Creo que estaba tan desesperada por tener con quien, por poder contar a las demás que tiene a alguien y no quedar fuera del círculo. ¡Carajo! Y no nadamás eso, que estaba enojadísima por que su último novio le engañó... y con una de sus amigas(GRAN INSULTO). Aceptar que sus galanes salgan con otras es una violencia terrible. Casi casi puedo palpar lo que les hace a su autoestima. Soy partidario que ellas marecen un hombre, en todos los sentidos 'posibles' de la palabra, de los que no tienen corazón de hotel de paso. No hay necesidad de competir en la Olimpiada por él. Si comienzan por tolerar que ellos hagan veladas comparaciones irreverentes e irrespetuosas("mi ex era muy buena cocinera...", "mi otra novia me acostumbró a que toda mi ropa estuviera limpia y planchada...") Nunca se la acaban. Igual pasa en el otro ángulo.

De nuevo hago aparecer a la voluntad, el poder en nosotros mismos, sabemos cuánto valemos y lo que podemos hacer nuestras cualidades y las virtudes que se nos dan. Probablemente de cualquier manera esa persona se vaya, pero no podemos ni podrá negar que no defendimos nuestro derecho a ser respetados.

Si vivimos en contra de nuestra naturaleza acabaremos odiándonos... un poco más.

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