Hace unas décadas ya, en los días del Pong y el Pac-Man, los videojuegos eran novedades inofensivas y no dejaban de ser divertidas, al menos a mi me divierten aún. Es evidente que ya no lo son; ahora hasta son motivo de alarma y hasta se han clasificado algunos títulos para determinar su nivel de violencia. Estos juegos cada vez más complejos y realistas, se han vuelto parte integral de una vida dónde muchos niños que llegan a ser adictos en algunos casos; como un chaval, un vecino de unos 10 años, que no deja de gastar los pocos pesos que le dan en su casa para tan pronto cómo pueda ir al lugar donde rentan X-Box’s y jugar “Halo 2”. ¿Hasta qué punto influyen los videojuegos violentos?
Leí un artículo que decía que varios psicólogos han atendido a chavitos tan obsesionados en un juego, que parece ser lo único que les importa, y parece que es cierto por lo que he visto en varios de por dónde yo vivo. No sé cómo vaya con sus notas de la escuela pero no me sorprendería que fuera mal. En otros casos, según decían que dejan de hacer deporte y también dejan de tratar con sus amigos. Es pues tan alarmante la situación que se han dado muchos casos en que el videojuego violento que tenemos en casa se vuelve tan imperioso y ha llevado a muchos jóvenes y niños a recrear situaciones parecidas al videojuego por razones en que la realidad del mismo juego se sienta sobre la vida real: disparando balas imaginarias insensibiliza poco a poco.
En la primavera de 1999, Eric Harris y Dylan Klebold, dos preparatorianos, dispararon en contra de doce estudiantes y un maestro, para después cometer suicidio. Los medios atribuyeron tal ‘accidente’ a que ambos eran fanáticos de juegos de computadora, como Doom y Duke Nukem. Otro chango disparó contra ocho compañeros matando a tres de ellos; los padres del malhechor decidieron demandar a las empresas de software que desarrollaban juegos violentos y que habían enseñado a apuntar y disparar un arma de fuego a su hijo.
En el mismo artículo que leí comentaba que hay varios software inventados únicamente como simuladores de acción de fuego para soldados, policías, bomberos, etcétera. Pero al mismo caso es que se levantó el tema de la discusión por la influencia de la violencia en los videojuegos. Así es que se decidió hacer un experimento, dónde un periodista, enrolado en el tema, decidió participar en la actividad ya que también era fanático de los juegos de primera persona en donde se usan armas de fuego. Así, le dieron un arma con ocho tiros para descargar y atinó los ocho en el blanco, haciendo heridas letales arriba del torso de los maniquís. Así se demostró que quienes juegan ese tipo de títulos desarrollan la habilidad casi tan especial como la de un entrenamiento de tiro y puntería que recibe un soldado que va a la guerra.
Aun quienes exigen controles más estrictos en la venta de videojuegos reconocen que éstos son sólo uno de muchos factores que pueden convertir a un jugador a un latente asesino. Es indudable que la vida familiar tiene un impacto en todo niño y sin la atención precisa en ellos, en un mundo tan violento, no habrá vuelta atrás ni un botón de ‘reset’ para reiniciar el juego.
La psicología de antemano nos asegura que somos seres violentos, todos los humanos nacemos con ese instinto agresivo. Gracias precisamente al caso de Mortal Kombat, se instituyó un organismo independiente que calificaría los juegos, por su contenido. Yo no voy a mentir, me gusta jugar “HALO 2” y también en partida múltiple, pero hasta cierto punto creo que me siento normal, aunque dicen por ahí que los locos no saben que están locos. De todas formas yo digo que estoy algo loco para que piensen que estoy algo cuerdo. Probablemente jugar haga que mejore la puntería, pero nunca he sentido el deseo de disparar contra un ser vivo.
Es obvio que el mercado se adecua a lo que los consumidores piden. El problema de este caso es tener cuidado sobre tipo de material que llega a los consumidores pequeños. Los padres deben asumir un carácter de visores o monitores, auxiliándose con la información que cada videojuego que adquieran los chaparros. Hay que cuidar que se vuelvan buenos jugadores, no es tan malo jugar, pero hay que saber educarlos y orientarlos. No vaya a ser que contratemos a un experto para pasar los níveles de los juegos que tenemos en casa, como se hace en China.
interesante...
cierto...
como en todo , encontrar el justo medoi sería adecuado,uhmm tengo severas adicciones entonces .
ja
viva el doa :D
te voy a ganar !!!!!!
muajajá!
ME DECLARO NEOFITO EN EL TEMA VIDEOJUEGOS YO SOLAMENTE SE LOS PROHIBO A MI HIJA! Y YA.