Consumo cuidado
Unidos, los consumidores podemos decidir el rumbo del mercado. Nuestro dinero es una herramienta: cada peso que gastamos es parte de las inversiones millonarias que determinan cómo se hacen negocios, qué productos y servicios se ofrecen, incluso qué trato reciben los trabajadores. Cada uno de nuestros pesos es parte de la fuerza económica que mueve al país y al mundo.
Las decisiones más sencillas, las que tomamos todos los días, definen cómo se aprovecha o se perturba la naturaleza. Son decisiones simples, relacionadas con lo que comemos, la manera como nos transportamos, cómo compramos, cómo producimos y tiramos la basura, cómo utilizamos el agua, la energía eléctrica, en qué invertimos nuestro esfuerzo, dinero y confianza. Esas mínimas decisiones, sumadas a las de millones de personas, son fundamentales.
Muchos han dicho que los seres humanos estamos destinados a vivir un dictatorial orden de mercado que rutinariamente viola las normas básicas de la ética, la salud, la cultura y la naturaleza hasta que una crisis provoque una respuesta inminente. Esto cuando la Tierra no soporte más nuestra forma de vida voraz materialista, llevando al resto de las especies tanto plantas como animales, al borde de la extinción. El ya popular tatuaje socio-cultural "eres lo que compras" o "eres lo que tienes" se incrusta dentro de lo más profundo de nuestro ser y nos aparta de todo sentido de conciencia comunitaria. La sociedad occidental actual por medio de la herramienta de las corporaciones, los medios de comunicación, nos ha hecho pensar que nuestro éxito se mide por la cantidad y las marcas de productos que consumimos diariamente; el mejor automóvil, el refresco más popular, los mejores tenis, productos alimenticios producidos industrialmente, etc. Esto lo podemos ver en las calles, en la televisión y las revistas, nos inyectan el mensaje de que podemos ser inmensamente felices si consumimos sus productos que nos harán vivir con menos obstáculos y menos trabajo. La cajita feliz y las hamburguesas que vende la cadena de restaurantes más grande del mundo es un caso de como las corporaciones comienzan a educar a los niños dentro de la cultura del consumo (McDonalds es una de las empresas que más destruyen bosques y selvas en el mundo, por lo que al consumir en estos establecimientos se contribuye la continuación de estas prácticas).
Pero lo que las grandes transnacionales no nos venden e informan por medio su publicidad es que la manufacturación de todos estos productos tienen un impacto incalculable tanto en el medio ambiente como en la sociedad, en las culturas locales, en la política y en nuestra vida diaria. El consumidor, es el que mantiene vivas a estas corporaciones. Ese zombie comprador de todo lo que le dicen que es cool, tiene que despertar y entender que lo que consume tiene un impacto directo en el medio, en la salud, etc. La botella de plástico de su refresco, al ser producido, seguramente provocó la contaminación de varios litros de agua, y que al ser desechada, puede terminar con la vida de diferentes especies terrestres o marinas.
Creo que sí existe una solución, una por medio de la cual el sector más vulnerable de la sociedad de los patrones de consumo impuestos por las transnacionales, los jóvenes, pueden cambiar el rumbo de la aniquilación de la naturaleza y llegar hacia el despertar, regresando a la conciencia y al equilibrio con nuestro entorno.
A nosotros nos toca decidir si nuestro dinero apoya formas de producción sana, social y ambientalmente responsables o si apoyamos a quienes contaminan, engañan y abusan de su poder económico. El reto que enfrentamos como ciudadanos es aprender a comprar de acuerdo a nuestros valores. Nos toca preguntar, demandar, exigir, para que cada vez más empresas se comprometan a producir bienes y servicios que sean respetuosos del medio ambiente, de los trabajadores y de la diversidad de las culturas de México.
Un consumidor responsable:
- regula su consumo a partir de valores humanos,
- realiza sus compras de manera consciente (se pregunta de dónde viene y en dónde terminará lo que compra),
- es equilibrado: se complace pero al mismo tiempo sabe autolimitarse,
- busca, al satisfacer sus propias necesidades, ser solidario con los productores;
- intenta que su consumo ayude a preservar los recursos naturales para el disfrute de las siguientes generaciones,
- se da cuenta de que comprar es un acto político con sentido humano.
Interésate por los productos vegetales biológicos, los que se cultivan sin plaguicidas ni fertilizantes químicos. Son más sanos, sabrosos y ricos en valor nutritivo. Su consumo disminuirá la contaminación con nitratos y plaguicidas de las aguas subterráneas y se fomentará una nueva visión de la agricultura. Consume productos de limpieza ecológicos: No hagas cierto aquello de "hogares limpios, planeta sucio". Reduce la utilización de lejía. Ya puedes optar por detergentes sin tensoactivos no iónicos, fosfatos, blanqueantes, enzimas o policarboxilatos; se biodegradan en menos de una semana, no como los convencionales. Una solución débil de vinagre es útil para la cerámica, cristales o cuarto de baño. El zumo de limón abrillanta metales como el cobre o el bronce. El esparto sigue siendo un buen estropajo. No compres alimentos envasados en bandejas de poliestileno extruído (corcho blanco). Este material apenas se recicla. Devuelve estos envases al vendedor. Opta por la compra tradicional al peso con mínimo embalaje. Con la utilización de envases y embalajes desechables, pagamos tres facturas, el coste añadido al producto, el coste de reciclado, incineración o vertedero, y lo peor, el coste ambiental: contaminación y acumulación de residuos para las próximas generaciones.
Para tener consumidores responsables, es necesario contar con alternativas, las cuales en México existen pocas, pero las hay, además, este país las tiene en su cultura, pero necesitamos recobrarlas y mantenerlas. Si los jóvenes activistas realmente quieren luchar contra el ALCA, el TLC, la guerra contra Irak, acabar con las transnacionales, etc., tienen que cambiar sus hábitos de consumo y entonces entender que no es muy congruente ir a una marcha contra éstos y luego irse a comprar una coca en envase de plástico (PET) en vez de un Boing (cooperativa mexicana) en envase de vidrio retornable.
Millones de personas en el mundo lo están intentando, están reflexionando sobre su consumo y tomando acciones. Desde sus hogares, sus centros de trabajo, estas personas están contribuyendo a que este planeta sea un mejor lugar. No aparecen en los medios de comunicación, pero son los héroes anónimos de nuestro tiempo. Con su participación pequeña y cotidiana ya han logrado victorias importantísimas.
Hace ya un tiempo que tuve la oportunidad de estar en España y de visitar los mercados BIO u orgánicos, (que se encuentran distribuidos por toda la ciudad como las famosas tiendas que abren las 24 horas, aunque no en la descomunal escala en la que los encontramos en la Ciudad de México) donde se venden productos 100% orgánicos. En sus estantes se pueden encontrar desde desodorantes, alimentos de todo tipo hasta ropa de algodón, lino y cáñamo. Aquí es donde logré constatar que una industria limpia es totalmente viable y asegurarme que el certificado orgánico es estratégico para su adecuado funcionamiento. Los alimentos tenían olores y colores frescos habiendo sido cultivados sin abonos artificiales, la carne de bovino no se veía opaca y oscura sino brillante y colorida (los animales que proveen esta carne vivieron vidas libres y dignas sin contacto alguno con pesticidas y hormonas), la sección de jabones y detergentes no tenía ese particular y desagradable olor a químico y a cloro, si no un agradable aroma de perfume de cítrico natural. La ropa, desde abrigos hasta pantalones teñidos con colores naturales (que dura tres veces más tiempo que la ropa industrial), además de ser comercialmente justa (al igual que la gran mayoría de los productos vendidos en este tipo de establecimientos), parece estar viva y tener personalidad propia. En general, el estar ahí es un deleite para el ecologista mexicano soñador que espera el día en que México logre llegar a ese grado de sofisticación de mercado, de consumo y de conciencia, clave de la política verde en el mundo.
Después de tal estímulo a los sentidos, fui a una tiendita de productos de cáñamo, donde todo es de y para la cannabis sativa (marihuana), desde la ropa hasta el papel. Los dueños de este establecimiento "verde" aseguran que el cáñamo es la clave para sustituir miles de hectáreas de bosque destinadas a la fabricación de papel (una hectárea de cáñamo produce la misma cantidad de papel que 7 de bosque), lo mismo se refieren con el cultivo del algodón y hasta del tabaco. Según ellos, su tiendita (al igual que los mercados BIO) es un verdadero establecimiento de activismo político que realmente desea cambiar el rumbo del camino del hombre y no por medio de palabrerías tibias. Lo mismo se refieren los activistas del Partido Verde Francés que tiene una campaña nacional para despenalizar la susodicha plantita.

Pero estos establecimientos existen gracias a que los productores de alimentos y productos orgánicos tienen una infraestructura para funcionar, tienen apoyo gubernamental, el certificado orgánico y de comercio justo, distribución, etc., lo cual le permite al consumidor conciente adquirir productos en el mercado que hacen la vida personal más sustentable.
Existen en México varios productores de alimentos orgánicos que quieren mantener una vida menos artificial y con mayor equilibrio con la naturaleza, utilizando técnicas milenarias de cultivo mejoradas. Pero se necesita apoyo para ellos, para que logren llegar a una experiencia similar a la de Francia. Aunque las ferias de agroproductos no tradicionales sean promocionados (curioso que le llaman no tradicionales a las técnicas de producción agrícolas milenarias que han sido sustentables y ecológicamente viables), parece que sólo obstaculizan y desaniman su producción, ya que los espacios creados para vender sus productos en México, se limitan a estas ferias. Al consumir estos productos no sólo se ayuda a mantener un ambiente sano sino también se contribuye al desarrollo regional, apoyo a los productos nacionales, empleos, ayuda al campesino mexicano, etcétera.
sha dijo
Certero , informativo , claro y sobre todo , al ejemplificar el tema al referirte sobre tu estancia en España , me lleva a pensar en aquél dicho que reza "las comparaciones son odiosas pero necesarias" sobre todo al remarcar : "...el día en que México logre llegar a ese grado de sofisticación de mercado, de consumo y de conciencia, clave de la política verde en el mundo"...CONCIENCIA es la clave de el quehacer a una nueva realidad en la que muchos nos encontramos descontextualizados, aprender a mutar hacia las nuevas realidades es vital ...no hace falta más que TANOTI ...expandir la conciencia , y para ello desear aprender , tomando en cuenta que el proceso de aprendizaje nos refiere a tomar la decisión de hacerlo y en ello nos va el aceptar también que no sabemos todo. Robándome un poco de la idea de Lennon y Luther KIng y BUzz Light Year - analogía asímbola pero representativa- Yo imagino que ese sueño que tengo de poder al menos , tomar conciencia cada día -leyendo textos auténticos como los tuyos- e iniciar una ligera unión entre mi pensar , mi decir y mi hacer vaya al infinito y mas allá...
Un beso
13 Enero 2006 | 12:39 PM