Manjares de la vida
En Mérida, cuando empecé a vivir sin la presencia de la imagen omnívora de mi madre, hacia unos pequeños bocadillos al llegar a casa después de clases. A eso de mis diez u once años de edad, mi madre me enseñó a lavar los trastes después de comer. Más atrás también me enseñó a lavar y rebanar las manzanas a las que era adicto y después llegaron otras frutas y verduras.
Los niños aceptan con más facilidad probar alimentos nuevos cuando ayudan a cultivarlos o a cocinarlos. Esto lo afirmo en mi experiencia laboral con EcoClub, una empresa encargada de organizar campamentos pedagógicos y jornadas de clase verde en varios sitios del país; es un concepto educativo de origen francés donde todo lo que se puede aprender al aire libre tiene algo que ver con el desarrollo deportivo, pedagógico, lúdico y humano al aire libre para dar la idea de la conciencia del mundo en que viven y la calidad del aprendizaje que se llevan, ya sea en el campo o en los lugares específicos a modo de excursiones, campamentos, viajes, expediciones, etcétera.
Estando en la Hacienda de Ixtafiayuca, cerca de las ruinas de Cacaxtla, enTlaxcala, me encontré con la maravilla del mundo de cosas que nos ha dado el maíz en la nuestra cultura; alimento para hombres y animales, herramientas de trabajo para el mismo alimento y también su uso como utensilio para elaborar piezas de arte. También les enseñaron a los pequeños cómo es que funciona la composta, cómo funciona y para qué. Así aprendieron que la tierra que ellos trabajaron funcionaba para la siembra de zarzamoras, las cuales comieron como postre en sus desayunos y como mermelada en las rebanadas de pan tostado.
En cualquier cocina se puede enseñar a cooperar en la preparación de la comida, sobre todo bocadillos que son divertidos y a la vez del interés para los chaparros. Así mismo, le enseñé a unos lobatos scouts, en una fogata de campamento de nuestro grupo, la receta de Fondue de queso cheddar:
¼ de taza de mantequilla cortada en cubitos
3 cucharadas de harina
1 ½ tazas de leche
450 gramos de queso Cheddar rallado
Rebanadas de manzana para bañarlas al gusto en el fondue
En un recipiente pequeño, dos de ellos se dedicaron a derretir la mantequilla con una cuchara bien entretenidos al débil calor de las brazas. Yo, para no hacer tanto desastre me dediqué a mezclar la harina y agregué la leche. Cuando calentó empezaba a dar entre nosotros el antojo con ese aroma. Puse el queso poco a poco con ayuda de esos cinco chaparros, y mientras uno de ellos lo movía de un lado a otro con la misma cuchara a cómo todos le deciamos: “mueve aquí… acá se está pegando… hazlo forma de círculos… mueve más despacio…”. Quedó excelente; y otra vez yo, sirviendo delicadamente con una franela en la mano para no quemarme la mano mientras agarraba el recipiente. Cada quien, alrededor del fuego y el perfume, en orden de derecha a izquierda me extendieron su plato con las rebanadas de manzana que había cortado yo mismo como cuando era niño. Fue bastante divertido y nunca vi tanto esmero y agradecimiento en aquellos niños.
Todo lo que hacemos en nuestros días en esta vida puede ser tan divertido e interesante cómo queramos que sea, sólo queda en nosotros en darle el ‘plus’ y seguro que nos llevamos una gran enseñanza y satisfacción para compartir.
sha dijo
“mueve aquí… acá se está pegando… hazlo forma de círculos… mueve más despacio"
uhum .. a mi también me parece apetecible...
27 Diciembre 2005 | 05:15 AM