El Día M, la leyenda de.
Esta mañana de desperdicio no es una exageración. Me he puesto mi mandil y he andado de ceniciento en casi todo el día. ¡Claro! Todo era más fácil cuando tenia a mi madre para que ella lo hiciera todo casi por arte de magia. Ya existe un día sin mexicanos pero seria algo similar si te quedaras sin tu madrecita santa un par de días, ese cuchitril se convertiría en escenario cotidiano de un avionazo. Pero ¿qué pasaría con todo lo demás que atañe en tu vida? Continúa tu lectura y descubre qué podría pasarte un día sin tu mami.
Es difícil ocuparse en el juicio, pero es posible. Llamémosle “Día M”, y comienza tarde pues no hay quien ponga el despertador. A veces el entorno es una casa sucia y desordenada. La escoba y la aspiradora están guardadas o a veces no sabemos donde están. La cama casi siempre es un caos, tengo que hacerla yo y aunque por más que me resista a no hacerlo y a no creerlo, no se compone por arte de magia: se necesitan dos manos y quejas. Tampoco está listo el desayuno y no queda nada en el refrigerador. Quienes no se preparan para el Día M tendrían que conformarse con salir de la casa con el estómago vacío.
En el día M vástagos grandes y pequeños abandonan la casa sin protección contra los malos espíritus. En los hogares de la clase media mexicana el momento de la bendición me recuerda al evento para enfrentar a las fuerzas primitivas del mal, cuando los jóvenes cazadores escuchaban un mensaje protector para enfrentar fieras y sobrevivir a los peligros de una voraz naturaleza.
En el Día M las calles son mucho más violentas, ya que las mentadas de madre quedan en completo desuso (insultos del todo anacrónicos, pues ya no hay a quien chingar). En las principales ciudades el tránsito es fluido como nunca, ¡hay pocas mujeres manejando! Escasa es la clientela en las tiendas de autoservicio. El número de accidentes viales se reduce, los buses están casi vacíos y con pocos morrales del mandado, y la policía sonríe. Los niños caminan solos rumbo a la escuela (si es que han decidido ir, sin tener presión de esa autoridad). Las escuelas parecen tranquilas y las maestras hasta se alegran viendo a los pequeños solos, sin las molestas señoras que diariamente les hacen miles de reproches: “Ayer me llegó muy sucio”; “me dijo que su compañerito Raúl lo estuvo molestando”, “¿por qué me lo puso tan atrás cuando tomaron la foto?”; “traía un condón en la mochila”; “quiero hablar con la Directora”… ¿gracioso, verdad? En contraste, las maestras se alarman al revisar los cuadernos y comprobar que ningún alumno hizo la tarea indicada el día anterior. Por la tarde si os chavitos decidieron volver a casa (en el Día M, al no haber juicios morales muchos optaran por conformar pandillas y saquear comercios), los huerfanitos, felices como nunca, se dedican a ver la televisión sin control parental. Lo mismo gozan de telenovelas (La Escuela de Pasión), que da hazañas de caricaturas y hasta de los sensuales movimientos de las series softcore que sintonizaron sin mayor problema. A cantidad y calidad de travesuras aumenta.
Los adolescentes tienen mucho en común con los pequeños: en este día ponen sus películas porno favoritas en el home theater de la sala sin que nadie los amenace con someterlos a un exorcismo o internarlos en un manicomio. Los adultos pueden tener relaciones carnales sin la amenaza del juicio eterno, existe caos de mujeres casadas que literalmente han perdido la razón por llevar a cabo con sus maridos prácticas que sus progenitoras juzgaban “propias de animales”.
Y por eso, bajo la protección y la buena conducta de sus vástagos, las madres son la principal fuente de represión sexual en los núcleos familiares. Ven con malos ojos cualquier lujuria. Negar la sexualidad de sus hijos es parte de sus estatutos universales. Ellos por su parte lo aceptan y evitan cualquier comentario que traduzca su deseo, sin pensar que su existencia misma es resultado del goce pasional de estas señoras que, como bien reza el refrán, “dieron la carne al Diablo y los huesos a Dios”.
El Día M desaparece la idea de hogar. En nuestra surrealista sociedad la autoridad de la mujer en la casa es derivada de la del hombre a partir de varias características que se le atribuyen: ternura, amor, flexibilidad, capacidad de adaptarse, abnegación, muchos más adjetivos bonitos. Es el estereotipo que tan bien encarnaron primeras actrices como Marga López, Libertad Lamarque y Silvia Derbez.
El Día M sería para muchos uno de independencia y para otros de orfandad. Muchos se irían de reven y otros se arrepentirían de sus pecados. También significa la ruptura con una larga tradición que se remonta a la época previa a la conquista española, cuando las progenitoras tenían diversas responsabilidades en el hogar y algunas facultades cuando el marido se encontraba ausente y los hijos pequeños (“cuando se va el gato los ratones hacen fiesta”). Por eso en México el respeto a la jefecita ‘es la ley’.
Entre los mexicanos, en su mayoría, se piensa que el máximo afecto al que puede se puede aspirar es el maternal: “es el amor más grande”. Lo sitúan más allá que el paternal. Como constante desafío a ese amor absoluto está la violencia doméstica ejercida por muchas madres que agraden verbalmente a sus retoños (“no te tengo respeto por que no te lo mereces, eres la vergüenza de la sociedad y una lacra para la familia”). Otras los golpean, los matan de hambre, les queman la espalda con cigarros, les cierran la puerta por la noche y hasta llegan asesinarlos. Un buen número de mujeres convictas por homicidio en los reclusorios de México le han quitado la vida a sus hijos, al recrear la tragedia de Medea, o es que muchas se creen la verdadera reencarnación Coatlicue.
Es cierto que en más de una ocasión las hemos querido mandar lejos, de regreso a su planeta; y en nuestros peores días, como en el poema ‘La Madre’ de Michel Leiris, pensamos que esas “inocentes puertas” deben expiar “ese crimen, habernos parido”. Pero la situación se recompone y retornamos a la atmósfera materna gracias a ese especial magnetismo casi imposible de romper. Eso sí, lo que hay fuera de ese territorio al menos podemos conocerlo y unos anhelamos con lo mismo. Yo he sido un gran investigador en el tema que hoy es “Prescindiendo de las Madres”. Amén de los efectos psicológicos, yo todavía me considero bastante cuerdo para hacer muchas cosas; todavía puedo servirme un tazón de cereal y comer con cubiertos, decir por favor y gracias, y me sé bañar sólo. Nunca he tenido más cervezas que leche en el refri, sólo cuando hago fiestas o hay visitas con las que se me antoja tomar unas.
Un día (que no era el Día M) le confesé a mi Madre, a modo de chiste, que una de sus ex nueras era extraterrestre, ella no vaciló en aceptarlo y me dijo que la no grata susodicha “no se aclimataba al aire de su maternal planeta”… Pero, ¿qué hay en ese barroco lugar? Hijos e hijas lectores (sobre todos los primeros), ustedes lo saben bien. Algunas madres se sienten dueñas de poderes sobrenaturales para conectarse con el otro mundo empleando novenas y rosarios, mandas y penitencias, círculos bíblicos y procesiones; flores, estampas y relicarios, y en mi casi tengo un escapulario. Por un tiempo viví presionado por todo el santoral para no ir al antro.
Todavía no he podido comprobar que algunas Mamás son de otra galaxia, pero basta pensar en su capacidad para detectar mejor que cualquier alcoholímetro a un hijo borracho a 10 metros de distancia para entender que sus poderes van más allá de las capacidades humanas. ¿Cómo serán pues las Mamás de los Fantastic 4’s? La verdad no sé, pero estoy casi seguro de que toda madre tiene los superpoderes legendarios de esos cuatro individuos; son capaces de hacerse invisibles para detectar al enemigo sin ser vistas, poseen la dureza y necedad del guapo Ben; y, al igual que la antorcha humana, arden a la menor provocación, sea de alguna materia reprobada o llegar a las 6 de la mañana. Y como el señor Richards, siempre tienen la razón, sin hablar de su don para alcanzar con elástica intuición todo lo que nos pasa.
Así que extraterrestre o no, yo amo a la mía, sólo sé que sin ella no le pondría punto final a esto, y no sin antes expresar una frase del libro 'Crónica de una Muerte Anunciada' de Gabriel García Márquez, que dice:
“– Gracias por todo, madre – le dijo a Ángela Vicario – Usted es una santa”.
Bayardo San Román, “Crónica de una Muerte anunciada” de Gabriel García Márquez.
Nayeli dijo
Que sean felices, pope y sha!! ok???? Disfruten del amor, que es lo mas lindo del mundo, saludos de una amiga, la nay. ARRIBA EL ATLANTE!!!
8 Enero 2006 | 03:38 AM