La muñeca
Estaba chocando mi e-mail y dentro de la información basura encontré una promoción especial de juguetes eróticos para esta navidad. Cuando estaba bien chaparro y aún no sabía escribir bien, pedíamos regalos a ‘Reyes Magos’ queriendo conservar nuestra cultura… mis hermanas pedían muñecas y un mono muy raro y feo, de marca ‘Cabage Patch’ o algo así. Recuerdo que la más pequeña a las muñecas les decía ‘mokitas’ por que no sabía decir ‘muñequitas’, y cómo yo he sido el mayor siempre escribí – traduje – lo querían por regalos en sus cartas dedicadas a los ‘Reyes’. Ahora, obvio que no es como antes, pero los presentes días me recuerdan esos inocentes ayeres. Pronto llegaran mis padres y he puesto los preparativos y adornos navideños hoy mismo aunque ha sido todo un sacrificio a como me siento.
Pero a lo que voy va más atrás de mi época, cuando un ocioso pero hedonista alemán, Hans Bellver, publicó una serie de fotografías bajo el título ‘La Muñeca’. Su intención era “construir una niña artificial con posibilidades anatómicas… capaz de recrear los límites de la pasión e incluso inventar nuevos deseos”. Esta obsesión es a fin un permanente interés por el lado más oscuro del erotismo; sus muñecas con vagina y expresión de angustia impresionaron a otros igual de locos, y se anticiparon a las “Real dolls” que hoy pueden comprarse hasta en Internet, completas o en partes ( y también hay unos muñecotes para las damas). ¿Un ejemplo? Hagámonos a la idea:
“¿Cuál es el Menú del día?”
- Torso al gusto por 1,500 panchodólares…
“Me trae uno mediano, de piel bronceada, vello púbico entrecortado y oscuro.
Estos ‘platillos’ son parte de un buffet de juguetes sexuales que hoy generan tan sólo en Alemania más de 200 millones de dólares al año - no sé por que pasaron eso en ‘Rumbo al Mundial’ - pero, a veces es un complemento de la sexualidad y otras la garantía de placer de los solitarios.
Cuando veo una de esas muñecas me viene a la mente la idea de necrofilia. Ya no encuentro en dónde y quién escribió, pero dice: “una muñeca puede reemplazar ventajosamente a una mujer. Sólo le falta el movimiento, no tiene vida. Pero tiene su encanto… y un cierto sentido mórbido, con esto podemos tener un cadáver, un bello cadáver”. Qué desgracia… y eso lo leí en una de las notas que vienen en los calendarios. Por aquí ha de andar, entre tantos papeles sinceramente ya me dio flojera buscar.
Sin pretender dar una respuesta analítica al respecto, hay un creciente mercado que independientemente de la calidad de los productos ofrecidos, evidencia esos nuevos deseos que espantan a algunos - ... -, provocan una sonrisa o inquietan por su parecido con los seres de carne y hueso - ... (en mayúsculas) - si a bien, las novias de Frankenstein (que no incluyen baterias), que gimen y tal vez algún día canten con un orgasmo el tema ochentero de Dulce que dice “tu muñeca, sí señor, tu juguete cuando juegas al amor”, son apenas una parte de la industria del sexo a lo que nadie escapa. Y eso es lo triste - al menos para mí - que el sexo ya sea una industria, ya me es enfermizo. Mi madre una vez me contó que poco antes de que yo naciera apenas habían salido unas maravillosas muñecas que caminaban, eran el ‘¡BOOM!’… ¿y ahora qué pensará?
Sentándome, ubicándome neutral y analista de la situación de esos ‘muñecos’ (macho o hembra, ¡qué imaginación!), pues no menstrúan ni orinan la tasa del baño; no hay suegros y mal aliento en las mañanas. Multiorgásmicos y siempre dispuestos al sexo, nunca te preguntarían por qué llegaste tarde ni reclamarán el control remoto. Ni siquiera tienen celos y tampoco brillo en los ojos… no me conviene, me suena aburrido, aunque para muchos es una oferta bastante tentadora para cuando no hay de otra.
Espero que Papá Noel no tenga una fábrica de juguetes de ese tipo en el Polo Norte, y que no haya gente que se les ocurra pedir ese tipo de cosas. ¡Qué bochorno! Me queda la satisfacción de que hice lo que pude con las ‘mokitas’ de mis hermanas.