Envidia de la buena
"Aaaaaaaaaaaaaaa jajajaaayyyyyyyyyyyyyy!!! Me recordarás”
Cuando iba en tercero de primaria, un par de amigos y yo le cantamos en el receso una breve serenata a una de nuestras compañeras. Cada quien se hizo llamar con el nombre de un cantante ranchero famoso. Yo escogí a Javier Solís por que ya me habían ganado a Pedro Infante – mirar mi cara triste – pues desde que tengo uso de razón he visto muchas de sus películas y sus hartas canciones. Ahora que pasé por la Cd. de México, esculcando los acetatos de mi tío abuelo Alonso, el que vive por Cupilco, me topé con ese gran álbum. Tenía ganas de que me lo regalara. El disco fue editado hace muchísimo más de que yo naciera y estaba lejos de decir en voz de Pedro Infante y palabras de José Alfredo Jiménez: “Desdichado en los amores, soy borracho y trovador”. Qué invidia, caray... tengo que conseguir el CD por que no creo encontrarlo en mp3. ¡Qué tormento!
Si es cierto que Silvestre Stallone dirigió la primera parte de Rocky llevándose tres premios oscar entre ellos el de mejor director - sí, están leyendo bien – y no le quito el mérito pero las madrinas recibidas por el ‘semental italiano’ fueron pocas en comparación con las sufridas por Javier y Pedro que, en unos acetatos expulsan no sólo su fervoroso amor por alguna pueblerina de rebozo blanco, amarillo o azul cielo, sino que cantan esas dolidas canciones típicas del género ranchero. Javier Solís nos deleita con esa obra maestra llamada Payaso (cancionononón para megaloosers) para esas noches en que pensar en el suicidio nos consuela.
En general, la selección de éstas grabaciones es muy buena, pues abarca el vasto repertorio de ambos intérpretes: rancheras, boleros, huapangos… Además, si recortamos las fotos de la portada podemos fabricar una máscara de nuestros ídolos favoritos, ya ni en las cajas de Corn Flakes.
Para 1976 ambos ya habían colgado los tenis, al igual que Mao, el líder chino. Pero Oriente dio más de qué hablar (en Japón se estrenó la cinta El Imperio de los sentidos, de Nagisha Oshima, erotismo sin tapujos con un final que las feministas seguramente les encantó… disculpen el googlazo). Hoy quisiera pensar que los sentidos a veces imperan y que, a diferencia de otros tiempos, en lugar de cantar una rola de esas que duelen, colocaría la aguja en el acetato número dos de Pedro Infante en Paloma querida para cantarle a mi beba: “Me encontraste en un negro camino como un peregrino sin rumbo ni fe, y la luz de tus ojos divinos cambiaron mi suerte por dicha y placer”.
sha dijo
cómo te quiero !
:**
a mi madre le encanta Javier Solís
3 Marzo 2006 | 01:11 AM