No hay que leer mientras comemos, y agregar que no deberíamos de ver la televisión.

Los pueblos primitivos, para quienes la acción de comer ha conservado el carácter de un ritmo sagrado, conocen por instinto lo que la civilización ha esfumado en nosotros: la secreción de los jugos digestivos se estimula por la vista, el olor, el contacto con los alimentos. Esos estímulos provocan un tono emotivo excitando nuestros centros sensoriales y desencadenando primero la secreción de la saliva (¿no decimos que ciertos alimentos hacen agua la boca?) y después del jugo gástrico.

La vista y el olor de los alimentos ponen en camino una serie de fenómenos digestivos: es por eso que es útil darles toda la atención que merecen: muchas de las digestiones difíciles y trastornos dispépticos mal explicados, posiblemente no tienen otra causa.

Debemos de comer calmados y lentamente, debemos poner interés en el contento del plato y concentrarnos en las sensaciones gustativas que experimentamos; haciendo pausa entre cada bocado y cada platillo… creo que es un consejo para alimentarnos bien.

Nota:
La foto la bajé de google. No sé quienes son pero me pareció un ejemplo (aunque están feos).