¿Amor eterno? “Las sustancias químicas que libera el cerebro y que hacen que nos enamoremos se agotan al cabo de 36 meses”, según unos antropólogos en uno de sus tantas investigaciones ociosas queriendo estudiar el fenómeno del amor. No creo que esto sea posible, pero continua: “No creo que eso sea algo que deba sorprendernos, prácticamente ningún otro mamífero permanece cuatro años con el mismo compañero”. Mi padre tuvo un bocho como por 6 años... Olvídenlo.

¿Por qué nos enamoramos? Según mi teoría psicoanalítica, el enamoramiento es producto de una sexualidad reprimida que emerge en forma explosiva para idealizar a cierto individuo; sin embargo, también creo que en muchas ocasiones va mucho más allá de la sexualidad, que es producto del deseo de una nueva vida, que se genera cuando estamos preparados para variar por insatisfacción de nuestro presente.

“El enamoramiento sólo ocurre cuando se ha acumulado tanto rechazo al pasado y tanto deseo de vida que es posible un renacimiento”, afirma Franceso Alberoni, un tal ensayista italiano. (¡JO!)

¿A quién amamos? Nos prendemos de alguien que nos recuerda a las personas que amamos durante la infancia, según una psicóloga de la Preparatoria México – no recuerdo su nombre –. Modelos maternos y paternos. Pero Francesco Alberoni opina todo lo contrario: que el enamoramiento es llamado y evocado por el futuro, ya que nos atrae la persona capaz de haceros crecer y realizar posibilidades a futuro, proyectos comunes (¡Oh, sí!).

Concluyo en que todo individuo no se enamora de su pasado, sino en tener un futuro, de aquello que puede llegar a ser.

“El amor es la actividad del ocioso y el ocio del hombre activo”

Edgard George Bulwer-Lytton, escritor inglés.