Salud mental
Mientras viajaba por México, conocí solo y a escondidas ‘Los olvidados’, de Luis Buñuel, creo que una de las muestras más crudas de la violenta realidad humana. Desde entonces he visto en pantalla miles de disparos, gritos desesperados y vísceras volando y, hasta donde sé, mi salud mental es bastante aceptable. No he matado a nadie ni pienso hacerlo (aunque a veces ganas no me faltan), ni he bajado del coche para patear a la señora que casi me choca sin querer mientras se pintaba. Sí he perdido mi capacidad de un asombro, pero un poco (a pesar de haber sufrido con los tragediones de Remi, Naranja Mecánica y Bambi, entre peores cosas). A la fecha, cada vez que una película muestra más de una gota de sangre, no me tapo los ojos ni cubro mi cara como si el chorro fuera directo a mí.
Ser más o menos sano a pesar de lo que he visto ahí no me hace extraordinario. Como la mayoría, reprimo mis instintos violentos a cambio de que los demás hagan lo mismo y prefiero delegar mi potencial agresivo a cambio seguridad, respeto y las palabras.
Estando en el D.F., saliendo de la estación del metro Mixcoac y, que iba al paradero del bus que me llevaba al departamento, vi como fue atropellada una señora de unos 50 o 60 años de edad en la Av. Revolución. Fue lo primero que vi y escuché cuando mis ojos y oídos se asomaron a la superficie.
Frente a esto me imaginé a una madre desesperada en busca de niñeras electrónicas para bloquear a su hijo al acceso a ciertos sitios web (con la misma angustia con que yo vi esa mañana aquel accidente). Imagino a un padre ansioso negarle el juego de Mortal Kombat para evitar que vieran esa violencia específica (como mi tío a mis primos) en lugar de darle bases (y besos).
Ahora quiero imaginar a unos padres optando por alimentar una sana realidad interna, en lugar de tratar de tapar con un dedo lo que los medios retratan a diario y a cada hora del día.
No creo mucho en el destino, sino en las acciones humanas. En la capacidad de pensar y no en la imbecilidad que implica repetir el suicidio de Ofelia tras ver Hamlet de Branagh o reproducir las torturas de Mr. White en Perros de Reserva. No es tan grave que exista violencia en los medios como que haya quien la reciba como realidad irrefutable y la transforme en la propia vida sólo por gusto o por ocio.
Sin duda, otras experiencias personales me han marcado mucho más. Mis 21 años de edad, por ejemplo. Mis pocos logros, sin importancia para mucho, pero míos y que me han hecho crecer, por ejemplo. Y escribir esto y que alguien más lo lea y simpatice, sería el mejor ejemplo.
Por eso, expreso una cariñosa, calurosa y sentida invitación a alimentarnos y dejarse alimentar de lo bueno que tiene la vida, yo lo intento todos los días y he tenido buenos resultados.
“El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad”
Albert Einstein, físico alemán.
YDAMAHS dijo
qué manera de traerme a la realidad...
9 Diciembre 2005 | 07:26 AM