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Terra
La Coctelera

Categoría: De la vida

Depresión

Me dijeron que cuando no se es capaz de querer algo, cualquier cosa, lo que sea... entonces hablamos de depresión.
Muy aparte de que si de vez en cuando te sientes deprimido o triste, no hay por que alarmarse, a toda la gente le sucede, es parte de la condición humana. Pero cuando la depresión es un estado de ánimo continuo se trata de un problema serio al que se debe prestar atención para remediarlo... y apenas me di chance.

Muchas veces la depresión es ocasionada por un desbalance químico en el cerebro - ... -, que puede durar desde minutos, unas cuantas horas hasta convertirse en algo crónico. Sin el tratamiento adecuado puede llevar incluso al suicidio en cosa de un tiempo y otras circunstancias.

Este estado mental se expresa en tristeza, ánimo decaído y, en los casos más graves, hay una sensación de embotamiento emocional. Quienes padecemos una depresión experimentamos casi el mismo estado de ánimo de quienes atraviesan por una pérdida o sufren una pena. Por ello ya me han querido enseñar en que debemos distinguir entre depresión y pesar.

Las personas deprimidas usualmente no nos sentimos felices con nada. Quien atraviesa por una pena, puede seguir disfrutando de algunas cosas simples como las flores, un pastel, la música, pero un deprimido(a) no goza con nada; por el contrario, esas cosas lo hacen sufrir aún más: los regalos recuerdan tiempos más felices en los que todavía se podía sentir placer alguno y los recuerdos y sentimientos es algo con lo que se tiene que batallar. Este idealización de pérdida aumenta su sufrimiento y ahonda la depresión.

Los síntomas son varios, incluyendo los físicos, tanto así que es fácil confundirla con una enfermedad física y por ello mismo es poco fácil detectarla. Algunas manifestaciones son: alteraciones del sueño, dolor crónico (de cabeza, cuello, espalda, lumbago, articulaciones); sensación de dolor en el pecho (como si algo te oprimiera o tuvieras un peso en los hombros y en otras partes del cuerpo); dolor en la boca del estómago o en todo él, 'constipación', diarrea o cólicos abdominales; sensación de sequedad en la boca; baja temperatura en la piel; pérdida o aumento de apetito.

El problema de las personas deprimidas no reside en no querer, sino en convertirse en "no ser capaz de querer".

Pedir a algún deprimido "que se ayude a sí mismo" sólo causa agonía, ya que es incapaz de controlar el deseo de hacerlo y eso hace que se reproche a sí mismo y no son los mejores resultados los que se obtienen. La conducta no es intencional, sino consecuencia de la enfermedad, y escuchar los comentarios o las sugerencias para que salga de la depresión atormentan aún más, pues hacen sentir incapaz de responder a las súplicas de la gente que le rodea.

En esta situación lo más recomendable es acudir con un especialista; no es cuestión de "echarle ganas" o "los kilos", sino una enfermedad que hay que atender... y el tratamiento es un aprendizaje un tanto largo.

NOVulnerable

Prefiero pensar antes de hacer algo más y, bueno, aquí me encuentro con una válvula de escape. La vida te hace reflexionar a veces con pequeñas cosas que pasan a tu alrededor, personas, situaciones, en fin cosas que se presentan que te hacen cuestionarte a ti mismo si las cosas que has hecho o haces están bien o simplemente eres un mediocre mas dentro de la urbe. No del todo, pero a veces te das cuenta que quizás podrías dar más sin tanto lamento. A veces cuando me canso o agoto, ahí debería darme cuenta que tal vez puedo dar más e incorporar en mi que el cansancio es un desafió que se puede antepasar y también incorporar en la vida. Ayer nos dijo un profesor, Edgar Andrade, - ¡jije! - es difícil a la edad que tenemos cambiar personalidades y carácteres, pero lo que si es posible es incorporar virtudes que te harán crecer como persona. No es que me las dé de sabiondo, pero muchas vecesme dicen cosas que ya sé, pero que simplemente no van, pues no importan qué se dice sino cómo se dice.

Hay veces que me pregunto si podré lograr todo lo que anhelo (creo que todos), pero después hay algo que no logro descifrar bien y menos entenderlo, quizás podría expresarlo como una fuerza heavy!!!!! que en verdad me dice tú eres capaz, aunque hay cosas que me cuestan y los nervios y mil pensamientos en algunas ocasiones no me dejan tranquilo. Hay que aprender a aceptarse con lo que se es... y el hechode intentar ser alguien ya es valorable.

Ahora mismo pienso que hay que tratar de mantener mas calma en lo que se hace y dice, mantener la seguridad en lo que se es. Sé que me falta aún mucho por aprender pero lo básico ya siento que lo tengo más o menos cubierto e incorporado en el 'yo', lo demás viene solo por adherencia, al destino, al forje que le das a tu vida... ¡quien sabe!, lo que sé que aun me falta por reafirmar es que cuando hay algo académico o cultural que no lo sé y la gran mayoría lo sabe, me encuentro en aprietos porque me cuestiono que o cuanto es lo que sé, eso me causa inseguridad en lo que soy como persona, igual es latero pero me pasa. Ni hablar, trataré de ahora en adelante de no ocuparme en eso.

Me estoy dando cuenta que la solución es no sentirme así, sino escuchar/leer acerca de eso o aquello, y si no me queda claro, pues buscar información sobre ello. La seguridad es una de las bases que se deben mantener en pie a lo largo del tiempo pero también hay que cultivarla.

Por ahora estoy seguro que gran parte de lo que quiero, lo lograré de a poco y paso a paso, inteligentemente, como lo hacen las hormiguitas, decía Fernando S.

La auto-violencia

Pues hoy estaba sentado en la cafetería terminando de comer pues no comí en casa. Me encontré a un compañero y luego 3 compañeras más nos encontraron ahí mismo. Estuvimos platicando un rato sobre los deportes de invierno pues ya se inauguró la Olimpiada en Torino y me gustó mucho la presentación. Durante un avance informativo pues vimos algo ya un poco pasado de moda; el asunto de las mataviejitas. Me he dado cuenta que ahora ya no es la violencia en la sociedad, la de uno contra otro u otros, sino la auto-violencia; nos permitimos ver tantos temas tan escabrosos, o peor aún cuando nos violentamos, abusamos de nosotros, por tener obtener algo: calificación, amistad, trabajo o demás argumentos y materiales. Lo malo es cuando en, sí mismos, nos decidimos en la violencia y nos clavamos.

Ahora, partiendo de dos cosas; una de siempre y otra muy presente en este mes (el amor), digo que dejemos un rato eso de la violencia y la auto-violencia, al menos yo estoy un poco más acostumbrado a amarme y ser divertido conmigo mismo para luego compartirme.

Regresando a la platicada con los fulanos de la Univ., una decía <>. Ya ni se puede comer en paz fuera de casa, pero le pregunté: ¿Y para qué haces la dieta?, ¿para gustarle a quién? Viendo yo su caso, esa dieta es una forma de violentarse a sí misma. Cuando la dieta la hacemos para sentirnos bien con nosotros, por salud, por convicción y sobre todo balanceada y bien nutrida, ubicándonos con buenos hábitos para comer, es un buen paso. Pero si la vamos a hacer para que nos acepten o para que el galán les haga caso, ¡por favor! ¿Para qué hacer un cambio al cuerpo para darle gusto a otra mirada? Bueno, esa es parte de mi ética.

¿Qué tal al momento de elegir ir al cine? Muchas veces he visto que unos se dejan llevar por lo que opinan por ahí y se predisponen a rechazar lo que no conocen... o de los que guardan palabras por cobardía para defender nuestro punto de vista... o la facilidad con la que cambian de opinión según el lugar y con quien se encuentren.

En algo más personal - o al menos para mi -, cuando se nos cae algo; se nos rompe una artesania, una tasa, pisamos chueco, tropesamos... ¿no nos ofendemos? Si no lo hacen pues que levanten la mano, será más fácil contarles que si contarnos a los que sí nos ofendemos. ¿Cuántas ofensas nos decimos a diario y por tonterías? ¡Vaya!, he crecido escuchándome decir cosas como: "Qué tonto, qué baboso eres", "¡Ay!, pero qué bruto", "¡¿Por qué me sale male?!"... cuando creces, primero no tienes ni gota de autoestima y, por supuesto, creemos que cualquiera puede decirnos de cosas. Bueno, sinceramente yo no me dejo.

¿Cuántas veces unos han cambiado de gusto o dejado a algunos por agradarle a los demás? Eso me escama. Una cosa es tener respeto a los demás y comportarse a la altura y otra muy distina es ser un cabrón.

Por otro lado, ya casi al terminar de comer, otra compañera pregunta y pedía el favor de que le consiguieramos un novio con quien pasar el lujoso 14 de Febrero. Creo que estaba tan desesperada por tener con quien, por poder contar a las demás que tiene a alguien y no quedar fuera del círculo. ¡Carajo! Y no nadamás eso, que estaba enojadísima por que su último novio le engañó... y con una de sus amigas(GRAN INSULTO). Aceptar que sus galanes salgan con otras es una violencia terrible. Casi casi puedo palpar lo que les hace a su autoestima. Soy partidario que ellas marecen un hombre, en todos los sentidos 'posibles' de la palabra, de los que no tienen corazón de hotel de paso. No hay necesidad de competir en la Olimpiada por él. Si comienzan por tolerar que ellos hagan veladas comparaciones irreverentes e irrespetuosas("mi ex era muy buena cocinera...", "mi otra novia me acostumbró a que toda mi ropa estuviera limpia y planchada...") Nunca se la acaban. Igual pasa en el otro ángulo.

De nuevo hago aparecer a la voluntad, el poder en nosotros mismos, sabemos cuánto valemos y lo que podemos hacer nuestras cualidades y las virtudes que se nos dan. Probablemente de cualquier manera esa persona se vaya, pero no podemos ni podrá negar que no defendimos nuestro derecho a ser respetados.

Si vivimos en contra de nuestra naturaleza acabaremos odiándonos... un poco más.

Las máscaras de hoy: mi proceso analítico de la situación del hombre con la mujer actual

Que ya pronto se viene el carnaval y las máscaras ya están de moda y hasta son un arte, más que ayer. Mujeres y hombres bailarán, gozarán de una fiesta y de días para descansar.

Pensaba hace unas horas en mi regreso a casa - su casa - en esa búsqueda de ser felices, en todos esos parámetros lógicos que pretendemos sean perfectos y me preguntaba <<¿en qué pienso?>> quizás pensaba en esos detalles imperfectos que hacen a uno crecer y expandir las fronteras para llegar a ser una persona idealizada en sí misma, creando criterios y diseñando una conciencia mutante pero suya.

Llegué a casa - y son bienvenidos - y empecé a razonar en que aquellos pequeños detalles imperfectos que casi nunca cambiarán y que doblegan a cualquiera en su propiedad de actos y relaciones; pareja, familia, amigos, trabajo, etcétera. En todos esos roles existen máscaras sociales, una imagen distinta; cambiamos de traje y nos acomodamos para aceptar el modo. Nos tragamos, pensamos, amamos, lloramos, dormimos, callamos, comemos, pero en cada situación aplicamos la máscara necesaria.

Estando en casa puse mi máscara 'rélax' e hice una llamada - cambié un momento por una máscara de propiedad -. Me olvidé un poco del tema y luego le encontré a ella - me encanta -; sobra decir que me comporto distinto, le doy un trato que a más nadie y esa es una máscara... la del enamorado.

Me bañé y regresé a mi tema mientras duró el baño. Pensaba: <>. ¿Es entonces que la perfección va de la mano con la felicidad y esos menesteres? Pero como obvio es que no, pues dejé pasar la idea.

Regresé; le amo, le pienso, le deseo... trato de escucharle, le invento, me entrego. Sinceramente no tengo mucho que ofrecer, además de mi casa y las máscaras que comento. Y bueno, medio quité la máscara y me puse la de cheff que se parece un poco a la de la dedicación. Cené un poco de arroz con media crema y el poco de raviolis con queso manchego que quedaron de la comida.

Ahora pienso en algo un poco más complejo, ya he aceptado esa tesis de la máscara pero hay una escondida, no le comprendo, es el eslabón perdido de la actitud para la relación que existe entre dos en la situación de cortejo. Sobra decir que eso de preguntarle a una mujer 'qué busca de un hombre', en esta época, está un poco out. Creo que la cuestión es en un inicio basada en el intéres de muchos tipos, pero van de cada persona y no quiere explayarme en eso. Ya es contemporáneo que una mujer esté en posición de pedirle a un hombre lo que no podría hacer sola aunque bien ya trabajan en puestos grandes, pueden administrarse financieramente sin problemas, logran sus casas y derrochan responsabilidad. No son las de ser ama de casa dependiente de un hombre, en ese sentido pueden preguntar a cualquiera qué es lo que aportarian en su vida. Entonces, ¿qué se les puede ofrecer?, ¿cuál es la máscara que se debe ocupar o descubrir?

Partiendo del respeto que cada uno se gana con el trato, el cariño y la admiración que merezca, ellas buscan a alguien que luche por lo mental; que sepa conversar pues no necesitan a alguien mentalmente simple o débil. Buscan a alguien que luche por la espiritualidad por que necesitan con quien compartir su fe. Ocupan que luchen por el éxito financiero por que, aunque no necesiten ayuda financiera, necesitan a alguien con quien coordinar los ingresos que entren en su proyecto de vida, tanto cada uno o para ambos y es ahí que también deben luchar por su individualidad; que él tenga esa libertad para salir a volar y regresar responsablemente con quien les corresponde en afecto, por que enriqueciéndose a sí mismo tendrá algo verdaderamente bueno que ofrecer cada día.

El mundo ya es suficientemente sensible para crear hombres de su forje que sepan manejar sus máscaras, que comprendan por lo que pasa en la vida de una mujer como individuo, pero también se queda la herencia; la de crear hombres suficientemente fuertes para dar ánimos y no dejar caer: legítimo en una pareja. Cuando se dice que la mujer está para ser la compañera del hombre ha fallado la idea por falta de concepto en las palabras: no para ser menos o más, sino para que juntos lleven una relación en donde la convivencia les dé felicidad. Si existen hombres así pues eso es lo que algunas mujeres buscan. No faltará el mongol que diga que ellas piden mucho... y a ellos les digo: "Sé que piden mucho solo por la simple razón de que ellas valen mucho, y mucho más a nuestro lado".

Hagámonos valer trabajando nuestra máscara, nuestra forma de vida, nuestra manera de vivirlas. Y entonces, espero no equivocarme mucho si digo que la pareja desarrolla una máscara que juntos, a la mujer y al hombre, hacen un organo perfecto que en verdad vale. Aún así nos hace falta descubrir máscaras para avanzar en este proceso.

Reto y recompensa

Lo impresionante era una gran extensión de superficie terrenal dónde todo lo físico poco importaba para la vida, más era motivado por una meta, por lograr el éxito. Por eso lo comparto, pues regresé triunfante y maravillado. Árboles, pastos, valles y gentiles caminos habían quedado más atrás.

Nunca había estado en un desierto y ese me parecía un espectaculo, un buen ejemplo de tal. Al escuchar la palabra ‘desierto’ nos imaginamos algo vacío, y a la vez infinito; un horizonte de arenas donde no hay vida y nosotros ahí, retando a la nuestra naturaleza contra ella misma.

Nada más lejos de la realidad, no llovió ni hubo intensiones lo cual nos hizo desesperante con caracterizado calor, era bravo pero nunca pensé en retroceder pues no había puerta ni salida, sólo una distante partida y otra que era la meta. Era una complicada topografía en todo el trayecto que cada vez nos llevaban a inhóspitas estribaciones. Extraordinarios paisajes; desde donde salía más lejano el sol, hasta llegado el momento con un hermoso atardecer como premio al esfuerzo de todo un día.

Siempre conservaré en mi mente esa magnificencia, accidentes de la naturaleza que son una obra y que me asombraron. Con tal privilegio de verles desde la línea de la tierra me he hecho más grande, más vivo, más interno al mundo, más hijo de la naturaleza.

.Mejor aún, en aquel andar silencioso y mítico sobre el árido suelo, que bien se puede decir que me encontraba sólo, estabas ahí. Muy inútil mirar las horas pues nuestro tiempo no daba para más que caminar, caminar, caminar, descansar y caminar. ¿Pero para qué empezaba?, ¿por qué te pensaba tanto?, ¿por qué habría de olvidarte si entre tanto silencio sólo quería tu voz? Es el alma que me diste y que me decía que yo siguiera y darlo todo por llegar. Cómo te sé, es que sé de amor. Eran días casi perfectos; todo casi lo era y también, a la misma vez, fue frustrante.

Por las noches, cobijados por las estrellas, del fresco se me dio verte danzando con las flamas de una fogata a la que le costaba mucho vivir. Con tanta inspiración no necesité más brillo que mi afecto por ti para sentirme tranquilo y conciliar un sueño de merecido descanso que ocupaba después de tanta empresa. Cuantas veces me detuve a comer escuchaba tu música en mi cabeza y le sonreía al cielo. Sólo así me sentí divertido y exótico de muchas ocasiones en que arrastré mis pasos y cargué una pesada mochila con utensilios que según nos hacen la vida más cómoda y que poco los usé
"¿Para qué vas a seguir?", me decía absurdamente en aquel páramo de efectos mariposa. Cada punto de control en la ruta me ofrecía graciosas caras nuevas, sonrientes y felices de vernos con bien. Siendo honesto, por más que nos atendieron de la manera más hospitalaria, quería seguir estando en paz y llevarte conmigo. Cada trago de agua fueron momentos de reflexión, como una vida completa de experiencias. El hambre me castigó con tanta fuerza, pero no más que mi deseo de ti. Cuando noté unos puntos rojos y una bandera a unos mil metros te sentí de regreso. Llegamos al lugar nos felicitaron y brindamos con mezcal de la región. Degusté tanto ese sorbo mientras veía hacia atrás una metáfora: la glamorosa senda de escollos y escuela de la vida.

Por fin regresamos, y he ahí yo en calidad de bulto pero bien satisfecho. Hoy estoy seguro que pronto podré coincidir de nuevo en uno de esos inolvidables parajes que han sabido aguantar al difícil tiempo; volver a recorrer, al caer la gran estrella dadora de luz, entre únicas avenidas, bellos edificios amorfos y mansiones construidas a la conciencia geográfica que son heredadas a la vida.

Manjares de la vida

En Mérida, cuando empecé a vivir sin la presencia de la imagen omnívora de mi madre, hacia unos pequeños bocadillos al llegar a casa después de clases. A eso de mis diez u once años de edad, mi madre me enseñó a lavar los trastes después de comer. Más atrás también me enseñó a lavar y rebanar las manzanas a las que era adicto y después llegaron otras frutas y verduras.

Los niños aceptan con más facilidad probar alimentos nuevos cuando ayudan a cultivarlos o a cocinarlos. Esto lo afirmo en mi experiencia laboral con EcoClub, una empresa encargada de organizar campamentos pedagógicos y jornadas de clase verde en varios sitios del país; es un concepto educativo de origen francés donde todo lo que se puede aprender al aire libre tiene algo que ver con el desarrollo deportivo, pedagógico, lúdico y humano al aire libre para dar la idea de la conciencia del mundo en que viven y la calidad del aprendizaje que se llevan, ya sea en el campo o en los lugares específicos a modo de excursiones, campamentos, viajes, expediciones, etcétera.

Estando en la Hacienda de Ixtafiayuca, cerca de las ruinas de Cacaxtla, enTlaxcala, me encontré con la maravilla del mundo de cosas que nos ha dado el maíz en la nuestra cultura; alimento para hombres y animales, herramientas de trabajo para el mismo alimento y también su uso como utensilio para elaborar piezas de arte. También les enseñaron a los pequeños cómo es que funciona la composta, cómo funciona y para qué. Así aprendieron que la tierra que ellos trabajaron funcionaba para la siembra de zarzamoras, las cuales comieron como postre en sus desayunos y como mermelada en las rebanadas de pan tostado.

En cualquier cocina se puede enseñar a cooperar en la preparación de la comida, sobre todo bocadillos que son divertidos y a la vez del interés para los chaparros. Así mismo, le enseñé a unos lobatos scouts, en una fogata de campamento de nuestro grupo, la receta de Fondue de queso cheddar:

¼ de taza de mantequilla cortada en cubitos
3 cucharadas de harina
1 ½ tazas de leche
450 gramos de queso Cheddar rallado
Rebanadas de manzana para bañarlas al gusto en el fondue

En un recipiente pequeño, dos de ellos se dedicaron a derretir la mantequilla con una cuchara bien entretenidos al débil calor de las brazas. Yo, para no hacer tanto desastre me dediqué a mezclar la harina y agregué la leche. Cuando calentó empezaba a dar entre nosotros el antojo con ese aroma. Puse el queso poco a poco con ayuda de esos cinco chaparros, y mientras uno de ellos lo movía de un lado a otro con la misma cuchara a cómo todos le deciamos: “mueve aquí… acá se está pegando… hazlo forma de círculos… mueve más despacio…”. Quedó excelente; y otra vez yo, sirviendo delicadamente con una franela en la mano para no quemarme la mano mientras agarraba el recipiente. Cada quien, alrededor del fuego y el perfume, en orden de derecha a izquierda me extendieron su plato con las rebanadas de manzana que había cortado yo mismo como cuando era niño. Fue bastante divertido y nunca vi tanto esmero y agradecimiento en aquellos niños.

Todo lo que hacemos en nuestros días en esta vida puede ser tan divertido e interesante cómo queramos que sea, sólo queda en nosotros en darle el ‘plus’ y seguro que nos llevamos una gran enseñanza y satisfacción para compartir.

Mi burbuja rosa

Cuando viví en Marbella conocí a varios españoles que habían venido a México a vivir por trabajo o por parentescos familiares (colonias en Chiapas, Guanajuato y Sonora). Hace poco más de un año que regresé a México (6 de Diciembre) y vaya que aprendí mucho de mis 3 meses de estancia en aquella ciudad tan cosmopolita.

Trabajé poco más de 5 meses en una empresa que desarrolla, diseña y vende software administrativo en la Ciudad de México. Logré reunir $25,000.ºº y me fui a España con toda la intención de conocer Andalucía, el sur de España. Decidí eso por que estando en Guadalajara conocí a unos scouts rovers en una misión de reforestación en Tala, un pueblo en Jalisco. Tenía hospedaje seguro y posiblemente un trabajo, y así fue.

Arribando al Aeropuerto de Málaga “Pablo Ruiz Picasso”, fue por mi ‘Javi’. Me hospedó en su casa por 3 días y visitamos el exótico Museo Picasso, el Casco Antiguo de la ciudad y también algunos lugares de la costa. Durante la mañana (despertaba a las 10:00 am) me puse a leer algunos periódicos hasta que encontré un trabajo en Pto. Banus, cerca de Marbella. Javi y Alberto me acompañaron a Marbella y me ayudaron a conseguir un departamento o algo en donde estar. Afortunadamente encontramos a un ecuatoriano, Victor, que vivía en Marbella desde hace 4 años con su esposa y tenían un hijo de 2 años. Rentaban dos habitaciones de su piso, uno estaba ocupado por un par de rumanos, Florín y Carolina, y el otro lo tomé yo por 300 € al mes (y un deposito de 200€), finalmente gasté casi $7,000.ºº y $8,500.ºº del billete del avión.

Vivía en el Edificio Barroco 4, en el tercero piso y en el departamento 3. A una cuadra tenia el ‘Open Core’, abierto las 24 hrs., a 2 cuadras tenia el Mediterráneo y me ubicaba en el Casco Antiguo de Marbella, sobre la Av. Ricardo Soriano y Torre Giraflores. Uno de mis vecinos había vivido en Puebla hacía ya unos 6 años y fue la primera persona española con la que entablé una relación amistosa. Hablábamos de Paseo Bravo, Av. Juárez y el Fuerte de Loreto, nunca conocí el Museo del Ferrocarril pero él me contó algo de ello. Se llama Jimeno y tiene 47 años ya, en Agosto los cumplió. Su esposa se llama Julia y sus hijos Pedro y Carlos Antonio, de 14 y 10 años.

Recuerdo que tenía cierto miedo el primer día que asistí a una entrevista de trabajo; no tenía papeles, no tenía VISA y ni mucho menos referencias o recomendaciones. Apenas hablo inglés y nunca me pasó por la cabeza que hablar español me iba a dar trabajo en otro país. Así me dieron el puesto de recepcionista en el Restaurant-Bar TIBV, en Puerto Banus, con un horario de 5 de la tarde a 1 de la mañana, descansando los Martes y el Domingo nadie trabaja. Ganaba 1,200€ al mes, más horas extras. Sorpresa mía que un tema de actual controversia en España (y resto de Europa) es el racismo por los que llegan a trabajar… qué mal.

Aprendí muchas cosas, muchísimas que aún a los días de hoy sigo llevando en práctica. Estaba muy sólo en una ciudad muy preciosa, con todos los servicios y de la mejor calidad. Y mi primera lección fue esa: “los lujos poco valen si no se comparten”, a lo que después acerté con “mis ojos que ven y mi corazón que extraña, no son más fuertes que mis deseos de vivir”. Por las noches estaba tan sólo y sin nada qué hacer, compré libros, un reproductor portátil de CD’s con radio AM-FM y una televisión, pero nada de eso me quitaba el deseo de que en algún momento entrara alguien conocido por la puerta de mi habitación; mi padre, algún amigo y a veces hasta recordé a las que no fueron de mi gracia. Aún así tenia las ganas de seguir conociendo y por las tardes de los Martes salía a caminar por el centro, por las noches regresaba caminando a casa por la playa y visité algunos sitios históricos y otros de interés para los turistas (me quedé con las ganas de asistir a la Plaza de Toros “Marbella” por que no era temporada).

Los españoles son soberbios, pero no todos. Don Jimeno me contó que muchos se volvieron así cuando España se desarrolló y fue aceptada por la Unión Europea. Su familia cosechaba tomate, challote y mucho respeto. Su señora me enseñó lo que es el consumo responsable; compraban ropa en ciertas tiendas de productos marroquíes que eran exportados y estaban hechos a mano. Me explicó que muchas de las cosas que consumía eran bien pagadas y ofrecidas a un buen precio, que con el dinero que ella gastaba me presumía que ayudaba a comunidades del país africano. También compraban muchas otras cosas que hacían en la ciudad o en el país; papas, carne, comida preparada por gitanos o árabes que trataban de vivir en una ciudad tan difícil. También me contó que sus hijos iban a una escuela donde aprendían lo suficiente para ser buenos ciudadanos y eso parecían (aunque ellos me decían ‘tío’ y siempre me fue raro). Alguna vez me tocó ser niñero para ellos y ‘Calin’ era muy noble y creo que hasta inocente; esa vez no se quería bañar por que había mucho frío y le dije: ‘Carlos, métete a bañar, chaval’, y me dijo: ‘No, no quiero…’. Le insistí paciente y casi se puso a llorar hasta que le dije: ‘¿Qué día es hoy, Calin?’, y me contestó correcto que era Domingo, y le seguí: ‘Hoy te toca bañarte dos veces… ni modo’. Él, bien resignado, me dijo que sólo se bañaría una vez y no más.

La familia Carvajal me invitó a comer algunas veces, y antes de iniciar, Don Jimeno me enseñó las bondades de tomar una copa de vino antes de comer, a degustarlo, a identificarlo y saber comprarlo. Con el tiempo me profundicé en el tema y me gustó, aunque mi amor es Whisky y él siempre me envidió al cerveza mexicana. Y esa fue mi segunda lección: “De lo que sabes que tienes, compártelo hoy por que puedes”. De cierto modo, tener el conocimiento de algo y no usarlo o trasmitirlo es como si no supiéramos nada del asunto. No soy un genio ni sabio, pero tampoco me gusta la ignorancia. Estando en la calle, dirigiéndome al “Café Limón” alguien se me acercó y empezó a contarme sobre los niños africanos que son huérfanos y además no tienen que comer. Él y otros más conformaban una sociedad anónima en ayuda a toda esa gente y vendían un CD con catorce canciones que ellos, los voluntarios y los ayudados, habían grabado. Compré el disco en 5€ y me gustó mucho, actualmente está en la casa de mi tía junto con otros dos de Budah Var.

Hubieron bastantes noches en las que me aburría demás y me asomaba a la ventana de habitación a fumar y escuchar la radio, me volví concurrente al programa de ‘La Rosa de los Vientos’ del grupo Zona Cero. A cada hora se daban 3 timbres y seguían las noticias relevantes al momento, eso en todas las estaciones. Me tocó escuchar el anuncio oficial de la muerte de Yaser Arafat el 8 de Noviembre a las 4:02 a.m., hubo una gran cobertura al respecto. Parecía que se iba a acabar el mundo, obvio que yo sabía que no iba a ser así (al menos ahora, en este lado de la tierra, ya pocos recuerdan la noticia). Habían tantos temas tan interesantes que oír pero ninguno tan preocupante como la cultura del trato a los adultos mayores; que si el Templo de Salomón, la Iglesia de Libela, el Prestejuan, la literatura y leyendas y mitos eran el sazón, pero nadie hablaba de por qué los jóvenes abusaban de las personas de la tercera edad los cuales siempre fueron mayoría por dónde vi. No estoy yo para arreglarlo ni para quejarme pues no es mi obligación hacer algo que no es para mí. Lo platiqué mucho con Jimeno y con Rodrigo y Ramón del TIBV, y Javi en Málaga. Por insulso, tal vez, nunca creí cierto que esa situación se debiera a que los adultos demandaran esa igualdad.

Como a muchos, a mi me enseñaron de pequeño a que hay que tratar con respeto a los mayores pues son la experiencia y representan el conocimiento de una vida. Son una gran fuente de educación para cada uno. Y con esto llegó otra lección: “La educación no es reembolsable, pero extrañamente puede enfermar”.

No fumaba en el departamento, sólo en mi habitación y en la calle. Más que nada lo hacía por respeto pues nada con los que compartía el departamento tenia el mismo vicio que yo, además que lo hacía por no dar un mal ejemplo al hijo de Victor. Tenia mis tres comidas, desayunaba a las 11:00, comía a las 3 y a las 2 de la madrugada cenaba unos ‘kebabs’ a 5€ cada uno en Puerto Banus. Me acostumbré a muchas cosas, intenté casi de todo para ser y vivir como español y cada vez que me encontraba con un acento parecido al mexicano preguntaba e investigaba sobre quien, así hice otros amigos como Hank, el hijo del Gobernador de Tijuana, asquerosamente adinerado pero se fijó en mi por que cuando supe que era mexicano le dije: “¡Qué chido wey!”. Extrañé a mi familia, mis amigos, mis calles, mi casa, mi ropa, mis modales… me extrañé a mi. Con esa termino, con la última lección: “Nada es más importante que tu identidad, las máscaras y los filtros sólo son eso”. De todas maneras nunca supe cómo es exactamente un joven español.

Alguna vez creí que vivir sólo, fuera de tu casa y muy lejos, con otras personas ajenas a tu cultura y haciendo todo lo que se te antoje sería bueno o hasta excelente... y reventó mi burbuja rosa. No me gusta cómo se lee todo esto... BAH! Tengo un mal presentimiento...

Salud mental

Mientras viajaba por México, conocí solo y a escondidas ‘Los olvidados’, de Luis Buñuel, creo que una de las muestras más crudas de la violenta realidad humana. Desde entonces he visto en pantalla miles de disparos, gritos desesperados y vísceras volando y, hasta donde sé, mi salud mental es bastante aceptable. No he matado a nadie ni pienso hacerlo (aunque a veces ganas no me faltan), ni he bajado del coche para patear a la señora que casi me choca sin querer mientras se pintaba. Sí he perdido mi capacidad de un asombro, pero un poco (a pesar de haber sufrido con los tragediones de Remi, Naranja Mecánica y Bambi, entre peores cosas). A la fecha, cada vez que una película muestra más de una gota de sangre, no me tapo los ojos ni cubro mi cara como si el chorro fuera directo a mí.

Ser más o menos sano a pesar de lo que he visto ahí no me hace extraordinario. Como la mayoría, reprimo mis instintos violentos a cambio de que los demás hagan lo mismo y prefiero delegar mi potencial agresivo a cambio seguridad, respeto y las palabras.

Estando en el D.F., saliendo de la estación del metro Mixcoac y, que iba al paradero del bus que me llevaba al departamento, vi como fue atropellada una señora de unos 50 o 60 años de edad en la Av. Revolución. Fue lo primero que vi y escuché cuando mis ojos y oídos se asomaron a la superficie.

Frente a esto me imaginé a una madre desesperada en busca de niñeras electrónicas para bloquear a su hijo al acceso a ciertos sitios web (con la misma angustia con que yo vi esa mañana aquel accidente). Imagino a un padre ansioso negarle el juego de Mortal Kombat para evitar que vieran esa violencia específica (como mi tío a mis primos) en lugar de darle bases (y besos).

Ahora quiero imaginar a unos padres optando por alimentar una sana realidad interna, en lugar de tratar de tapar con un dedo lo que los medios retratan a diario y a cada hora del día.

No creo mucho en el destino, sino en las acciones humanas. En la capacidad de pensar y no en la imbecilidad que implica repetir el suicidio de Ofelia tras ver Hamlet de Branagh o reproducir las torturas de Mr. White en Perros de Reserva. No es tan grave que exista violencia en los medios como que haya quien la reciba como realidad irrefutable y la transforme en la propia vida sólo por gusto o por ocio.

Sin duda, otras experiencias personales me han marcado mucho más. Mis 21 años de edad, por ejemplo. Mis pocos logros, sin importancia para mucho, pero míos y que me han hecho crecer, por ejemplo. Y escribir esto y que alguien más lo lea y simpatice, sería el mejor ejemplo.

Por eso, expreso una cariñosa, calurosa y sentida invitación a alimentarnos y dejarse alimentar de lo bueno que tiene la vida, yo lo intento todos los días y he tenido buenos resultados.


“El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad”

Albert Einstein, físico alemán.