Cuando viví en Marbella conocí a varios españoles que habían venido a México a vivir por trabajo o por parentescos familiares (colonias en Chiapas, Guanajuato y Sonora). Hace poco más de un año que regresé a México (6 de Diciembre) y vaya que aprendí mucho de mis 3 meses de estancia en aquella ciudad tan cosmopolita.
Trabajé poco más de 5 meses en una empresa que desarrolla, diseña y vende software administrativo en la Ciudad de México. Logré reunir $25,000.ºº y me fui a España con toda la intención de conocer Andalucía, el sur de España. Decidí eso por que estando en Guadalajara conocí a unos scouts rovers en una misión de reforestación en Tala, un pueblo en Jalisco. Tenía hospedaje seguro y posiblemente un trabajo, y así fue.
Arribando al Aeropuerto de Málaga “Pablo Ruiz Picasso”, fue por mi ‘Javi’. Me hospedó en su casa por 3 días y visitamos el exótico Museo Picasso, el Casco Antiguo de la ciudad y también algunos lugares de la costa. Durante la mañana (despertaba a las 10:00 am) me puse a leer algunos periódicos hasta que encontré un trabajo en Pto. Banus, cerca de Marbella. Javi y Alberto me acompañaron a Marbella y me ayudaron a conseguir un departamento o algo en donde estar. Afortunadamente encontramos a un ecuatoriano, Victor, que vivía en Marbella desde hace 4 años con su esposa y tenían un hijo de 2 años. Rentaban dos habitaciones de su piso, uno estaba ocupado por un par de rumanos, Florín y Carolina, y el otro lo tomé yo por 300 € al mes (y un deposito de 200€), finalmente gasté casi $7,000.ºº y $8,500.ºº del billete del avión.
Vivía en el Edificio Barroco 4, en el tercero piso y en el departamento 3. A una cuadra tenia el ‘Open Core’, abierto las 24 hrs., a 2 cuadras tenia el Mediterráneo y me ubicaba en el Casco Antiguo de Marbella, sobre la Av. Ricardo Soriano y Torre Giraflores. Uno de mis vecinos había vivido en Puebla hacía ya unos 6 años y fue la primera persona española con la que entablé una relación amistosa. Hablábamos de Paseo Bravo, Av. Juárez y el Fuerte de Loreto, nunca conocí el Museo del Ferrocarril pero él me contó algo de ello. Se llama Jimeno y tiene 47 años ya, en Agosto los cumplió. Su esposa se llama Julia y sus hijos Pedro y Carlos Antonio, de 14 y 10 años.
Recuerdo que tenía cierto miedo el primer día que asistí a una entrevista de trabajo; no tenía papeles, no tenía VISA y ni mucho menos referencias o recomendaciones. Apenas hablo inglés y nunca me pasó por la cabeza que hablar español me iba a dar trabajo en otro país. Así me dieron el puesto de recepcionista en el Restaurant-Bar TIBV, en Puerto Banus, con un horario de 5 de la tarde a 1 de la mañana, descansando los Martes y el Domingo nadie trabaja. Ganaba 1,200€ al mes, más horas extras. Sorpresa mía que un tema de actual controversia en España (y resto de Europa) es el racismo por los que llegan a trabajar… qué mal.
Aprendí muchas cosas, muchísimas que aún a los días de hoy sigo llevando en práctica. Estaba muy sólo en una ciudad muy preciosa, con todos los servicios y de la mejor calidad. Y mi primera lección fue esa: “los lujos poco valen si no se comparten”, a lo que después acerté con “mis ojos que ven y mi corazón que extraña, no son más fuertes que mis deseos de vivir”. Por las noches estaba tan sólo y sin nada qué hacer, compré libros, un reproductor portátil de CD’s con radio AM-FM y una televisión, pero nada de eso me quitaba el deseo de que en algún momento entrara alguien conocido por la puerta de mi habitación; mi padre, algún amigo y a veces hasta recordé a las que no fueron de mi gracia. Aún así tenia las ganas de seguir conociendo y por las tardes de los Martes salía a caminar por el centro, por las noches regresaba caminando a casa por la playa y visité algunos sitios históricos y otros de interés para los turistas (me quedé con las ganas de asistir a la Plaza de Toros “Marbella” por que no era temporada).
Los españoles son soberbios, pero no todos. Don Jimeno me contó que muchos se volvieron así cuando España se desarrolló y fue aceptada por la Unión Europea. Su familia cosechaba tomate, challote y mucho respeto. Su señora me enseñó lo que es el consumo responsable; compraban ropa en ciertas tiendas de productos marroquíes que eran exportados y estaban hechos a mano. Me explicó que muchas de las cosas que consumía eran bien pagadas y ofrecidas a un buen precio, que con el dinero que ella gastaba me presumía que ayudaba a comunidades del país africano. También compraban muchas otras cosas que hacían en la ciudad o en el país; papas, carne, comida preparada por gitanos o árabes que trataban de vivir en una ciudad tan difícil. También me contó que sus hijos iban a una escuela donde aprendían lo suficiente para ser buenos ciudadanos y eso parecían (aunque ellos me decían ‘tío’ y siempre me fue raro). Alguna vez me tocó ser niñero para ellos y ‘Calin’ era muy noble y creo que hasta inocente; esa vez no se quería bañar por que había mucho frío y le dije: ‘Carlos, métete a bañar, chaval’, y me dijo: ‘No, no quiero…’. Le insistí paciente y casi se puso a llorar hasta que le dije: ‘¿Qué día es hoy, Calin?’, y me contestó correcto que era Domingo, y le seguí: ‘Hoy te toca bañarte dos veces… ni modo’. Él, bien resignado, me dijo que sólo se bañaría una vez y no más.
La familia Carvajal me invitó a comer algunas veces, y antes de iniciar, Don Jimeno me enseñó las bondades de tomar una copa de vino antes de comer, a degustarlo, a identificarlo y saber comprarlo. Con el tiempo me profundicé en el tema y me gustó, aunque mi amor es Whisky y él siempre me envidió al cerveza mexicana. Y esa fue mi segunda lección: “De lo que sabes que tienes, compártelo hoy por que puedes”. De cierto modo, tener el conocimiento de algo y no usarlo o trasmitirlo es como si no supiéramos nada del asunto. No soy un genio ni sabio, pero tampoco me gusta la ignorancia. Estando en la calle, dirigiéndome al “Café Limón” alguien se me acercó y empezó a contarme sobre los niños africanos que son huérfanos y además no tienen que comer. Él y otros más conformaban una sociedad anónima en ayuda a toda esa gente y vendían un CD con catorce canciones que ellos, los voluntarios y los ayudados, habían grabado. Compré el disco en 5€ y me gustó mucho, actualmente está en la casa de mi tía junto con otros dos de Budah Var.
Hubieron bastantes noches en las que me aburría demás y me asomaba a la ventana de habitación a fumar y escuchar la radio, me volví concurrente al programa de ‘La Rosa de los Vientos’ del grupo Zona Cero. A cada hora se daban 3 timbres y seguían las noticias relevantes al momento, eso en todas las estaciones. Me tocó escuchar el anuncio oficial de la muerte de Yaser Arafat el 8 de Noviembre a las 4:02 a.m., hubo una gran cobertura al respecto. Parecía que se iba a acabar el mundo, obvio que yo sabía que no iba a ser así (al menos ahora, en este lado de la tierra, ya pocos recuerdan la noticia). Habían tantos temas tan interesantes que oír pero ninguno tan preocupante como la cultura del trato a los adultos mayores; que si el Templo de Salomón, la Iglesia de Libela, el Prestejuan, la literatura y leyendas y mitos eran el sazón, pero nadie hablaba de por qué los jóvenes abusaban de las personas de la tercera edad los cuales siempre fueron mayoría por dónde vi. No estoy yo para arreglarlo ni para quejarme pues no es mi obligación hacer algo que no es para mí. Lo platiqué mucho con Jimeno y con Rodrigo y Ramón del TIBV, y Javi en Málaga. Por insulso, tal vez, nunca creí cierto que esa situación se debiera a que los adultos demandaran esa igualdad.
Como a muchos, a mi me enseñaron de pequeño a que hay que tratar con respeto a los mayores pues son la experiencia y representan el conocimiento de una vida. Son una gran fuente de educación para cada uno. Y con esto llegó otra lección: “La educación no es reembolsable, pero extrañamente puede enfermar”.
No fumaba en el departamento, sólo en mi habitación y en la calle. Más que nada lo hacía por respeto pues nada con los que compartía el departamento tenia el mismo vicio que yo, además que lo hacía por no dar un mal ejemplo al hijo de Victor. Tenia mis tres comidas, desayunaba a las 11:00, comía a las 3 y a las 2 de la madrugada cenaba unos ‘kebabs’ a 5€ cada uno en Puerto Banus. Me acostumbré a muchas cosas, intenté casi de todo para ser y vivir como español y cada vez que me encontraba con un acento parecido al mexicano preguntaba e investigaba sobre quien, así hice otros amigos como Hank, el hijo del Gobernador de Tijuana, asquerosamente adinerado pero se fijó en mi por que cuando supe que era mexicano le dije: “¡Qué chido wey!”. Extrañé a mi familia, mis amigos, mis calles, mi casa, mi ropa, mis modales… me extrañé a mi. Con esa termino, con la última lección: “Nada es más importante que tu identidad, las máscaras y los filtros sólo son eso”. De todas maneras nunca supe cómo es exactamente un joven español.
Alguna vez creí que vivir sólo, fuera de tu casa y muy lejos, con otras personas ajenas a tu cultura y haciendo todo lo que se te antoje sería bueno o hasta excelente... y reventó mi burbuja rosa. No me gusta cómo se lee todo esto... BAH! Tengo un mal presentimiento...